Hasta hace 500 o 600 años atrás, los artistas representaban a los niños como adultos en miniatura, en el Renacimiento comenzaron a diferenciarlos y pintarlos con cabezas grandes, tronco largo y piernas cortas como los ángeles que pintaba el famoso Rafael en sus cuadros. En los primeros años de la pediatría, los médicos siguen los estándares de las prácticas médicas de adultos que se extrapolaban a los niños. Pero los niños no son adultos pequeños.

Los niños viven y juegan cerca del suelo, donde están expuestos al polvo y a tóxicos.

Ellos tienen características que les son propias: vías únicas de exposición a tóxicos ambientales como lo son la placenta y la leche materna, las funciones de su metabolismo y sistemas son inmaduros, sus conductas son diferentes, tienen mayor expectativa de vida y no tienen poder político: ni voz ni voto.

Los sistemas de los niños siguen creciendo, madurando y cambiando hasta la adolescencia. Si esa diferenciación se interrumpe en los períodos críticos, el daño será más severo y duradero. Los factores de riesgo ambiental interfieren en el desarrollo dinámico de los niños y adolescentes por mecanismos que no ocurren en el adulto.

“Los niños son especialmente más vulnerables y responden de diferente manera cuando son expuestos a riesgos ambientales”.

Los niños son especialmente más vulnerables y responden de diferente manera cuando son expuestos a riesgos ambientales, porque los niños:

• Tienen vías de exposición que son diferentes y únicas a través de la placenta y de la leche materna. Numerosos tóxicos pasan a la leche como el plomo, el mercurio y los plaguicidas, entre otros. La leche materna es la mejor protección para los lactantes y no debe interrumpirse a menos que el pediatra así lo considere. También atraviesan la placenta, ya que no es una barrera impermeable, y alcanzan la circulación fetal y los diferentes órganos

• Los niños respiran mayor volumen de aire por kilogramo de peso que los adultos y la vía aérea es más pequeña, de esta manera la exposición a los tóxicos que se encuentran en el aire afecta más a los niños.

“Se relacionan, comportan e interactúan con su ambiente de manera diferente y más estrecha que los adultos”.

• Consumen más comida y beben más agua que un adulto en proporción a su peso corporal.

• La superficie de la piel, en volumen, es mayor que en el adulto por eso tienen una mayor exposición a través de la misma y la absorción de contaminantes es mayor.

• Son inmaduros y están en desarrollo por lo que sus sistemas (nervioso, inmune, hormonal, reproductivo, entre otros) son vulnerables.

• Los niños tienen mayor expectativa de vida y las enfermedades pueden manifestarse más tarde, en la adultez.

Los niños se relacionan de una forma diferente y más directa con el ambiente que los rodea.

También se relacionan, comportan e interactúan con su ambiente de manera diferente y más estrecha que los adultos:

  • En los primeros años de vida, exploran el mundo a través de la boca. Se llevan frecuentemente las manos y objetos e incluso comen alimentos no nutritivos como tierra, pintura y otros.
  • Viven y juegan cerca del suelo, donde están expuestos al polvo y a tóxicos que allí se depositan y acumulan.
  • Exploran los ámbitos en que se encuentran, son curiosos y arriesgados.
  • No tienen la capacidad para reconocer y evitar las situaciones de peligro.

Por todo ello, los niños y niñas no solo no son adultos pequeños sino que sobre todo son seres únicos, con características específicas y una forma de relacionarse con el mundo que los rodea a través de la conducta que los hace más vulnerables e indefensos. Los adultos somos quienes podemos hacer del ambiente donde los niños crecen un sitio más seguro.

*Marcelo Andrade, pediatra, integrante del equipo médico de la Oficina de Comunicación a Distancia (OCD) del Hospital Garrahan.