La pérdida de la rutina, los malos hábitos alimentarios, la mala calidad de sueño y el sedentarismo son aspectos que conllevan a profundizar los problemas de sobrepeso y obesidad que muchos niños y adolescentes padecen pero que se acentúan en este escenario actual de pandemia. En una entrevista exclusiva con la Fundación Garrahan, la Dra. Marisa Armeno, pediatra, exbecaria de la Fundación Garrahan, especialista en Nutrición Infantil del Hospital de Pediatría Garrahan y Médica de Planta del Servicio de Nutrición Infantil del Hospital, explicó que “cambiar el estilo de vida es un factor esencial a la hora de mejorar estos comportamientos”.

Fundación Garrahan: ¿Cuáles fueron las conclusiones del último Congreso Internacional de Obesidad sobre este problema en pediatría?

Dra. Armeno: Un eje temático importante en el congreso fue el que se refirió a que cuando los niños y adolescentes con sobrepeso u obesidad se desestructuran de sus actividades escolares y son confinados a sus hogares como por ejemplo durante las cuarentenas por COVID-19, el cambio en sus rutinas condiciona conductas desfavorables en sus estilos de vida que no favorecerán su condición de salud. Nosotros, los pediatras, sabemos que los niños en general, y los adolescentes en particular, aumentan de peso durante las vacaciones de verano, cuando no tienen la rutina del colegio, y esto se vió reflejado durante este tiempo de cuarentena.

Fundación Garrahan: ¿Hicieron algún estudio de casos?

Dra. Armeno: Sí. Se presentó un trabajo del Dr. Pietrobelli, muy interesante, que tomó una muestra de 41 chicos y adolescentes obesos que participaron de una observacional longitudinal en Verona, Italia. El estilo de vida que debían informar incluía actividades realizadas, dietas, horas de descanso durante las tres semanas de cuarentena obligatoria. Como resultados se obtuvieron que los pacientes no manifestaron cambios favorables respecto de la ingesta de vegetales ni frutas de estos chicos durante la cuarentena; por el contrario, los alimentos que ingirieron fueron papas fritas, carnes rojas, bebidas azucaradas… el incremento de consumos de este tipo de alimentos había aumentado considerablemente en un rango de 5 a 1. También había decrecido la realización de actividades deportivas y disminuido la cantidad de horas de sueño. Sin embargo, el tiempo frente a la pantalla del celular u otra tecnología había aumentado en casi un 90%. Por lo tanto, se reconocen los efectos adversos y colaterales de la cuarentena por COVID-19 porque en los casos de niños obesos no se llevaron a cabo controles de ningún tipo.

“El diagnóstico de obesidad tiene relación con una enfermedad, en cambio el de sobrepeso tiene relación con una condición”

Fundación Garrahan: ¿Esto puede traer consecuencias en su salud?

Dra. Armeno: Obviamente. Dependiendo de la duración de las cuarentenas y continuando con  este estilo de conductas, los jóvenes tendrán efectos duraderos y de impacto y un alto nivel de adiposidad difícil de revertir; la obesidad más prevalente es de carácter multifactorial, por lo que exige intervenciones no solamente sobre el niño, el adolescente y su familia, sino también sobre el espacio comunitario (barrio, escuela, kiosco, etcétera) y sobre el ambiente, entendido en su sentido más amplio, todos los lugares que identifican en gran parte a los escenarios obesogénicos de la sociedad actual.

Fundación Garrahan: ¿Cuál es la diferencia entre sobrepeso y obesidad?

Dra. Armeno: El diagnóstico de obesidad tiene relación con una enfermedad, en cambio el de sobrepeso tiene relación con una condición. Uno define el sobrepeso u obesidad en función del exceso de  grasa corporal, cuya ubicación y magnitud condiciona o no la salud del individuo.

“Cambiar el estilo de vida es un factor esencial a la hora de mejorar estos comportamientos”

Fundación Garrahan: ¿Cuál es la importancia de prevenir?

Dra. Armeno: Prevenir es importante en todas las enfermedades. Por ejemplo, durante los primeros años críticos, un niño de 2 a 5 años con obesidad o sobrepeso tendrá más posibilidades de arrastre (tracking) en la adultez, lo cual significa que ser obeso en la infancia constituye un factor de riesgo para ser un adulto obeso y que se asocia, además, con alteraciones metabólicas que predisponen a una mayor morbimortalidad por enfermedad cardiovascular en la vida adulta. Por ello, en estos casos es muy importante cambiar el estilo de vida de esos niños y llevarlos a los controles pediátricos, porque si se presentan cambios en el niño respecto de la talla y peso, el pediatra lo identificará rápidamente.

Fundación Garrahan: ¿Cómo detecta el pediatra la ganancia de peso en la infancia y en la niñez?

Dra. Armeno: Mirando los patrones del Índice de Masa Corporal (IMC) durante los primeros 5 años de vida pueden detectarse predictores de obesidad futura. El IMC muestra una caída inicial desde el segundo año de vida al quinto y, luego, un aumento gradual desde los 6 años hasta la adolescencia. La edad en la cual vuelve a aumentar el IMC se denomina rebote adipocitario.

Fundación Garrahan: ¿La obesidad depende de un factor genético?

Dra. Armeno: Solamente un 5% de las obesidades es genética, el resto, un  95% es multifactorial o poligénica (dependen de una cierta cantidad de genes) y de factores ambientales. No obstante, como factor de herencia, si uno tiene un padre obeso, este es un factor de un 40% de posibilidades de ser obeso, y si tiene los dos padres obesos, el niño tiene una posibilidad de un 80% de desarrollar exceso de peso u obesidad.

“Es muy importante  cambiar el estilo de vida de esos niños y llevarlos a los controles pediátricos”

Fundación Garrahan: ¿Cambia el metabolismo de un niño obeso de 12 o 13 años?

Dra. Armeno: En realidad, siempre le digo a los papás que es el mejor momento para comenzar con los cambios del estilo de vida. Aunque no siempre pasa, porque estos períodos críticos tienen que ver con la hiperplasia depositaria. Si el chico en ese momento gana mucho peso, por más que crezca, esos adipocitos van a permanecer. Por eso es importante que los chicos pasen esos tres períodos con la menor cantidad de adipocitos posible o tengan la mejor nutrición. Y hoy, más que nunca, en este contexto de pandemia que invita a la malnutrición y por ende a la obesidad, hay que tener presente esta recomendación.