¿Qué es el Botulismo Alimentario?

El botulismo alimentario es una intoxicación neuroparalítica grave con baja incidencia pero elevado riesgo de muerte. Es una enfermedad 100% prevenible, resultante de la ingestión de la toxina botulínica, extremadamente potente, sintetizada por la bacteria Clostridium botulinum.

¿Dónde se encuentra la bacteria Clostridium botulinum?

Está bacteria está presente en alimentos conservados y previamente contaminados con el bacilo. Las esporas se encuentran ampliamente distribuidas en el suelo, en los mares y lagos y a menudo se las identifica en productos agrícolas como por ejemplo en la miel. La contaminación se produce en alimentos procesados y almacenados inapropiadamente (en latas, botellas o frascos) con bajo contenido de oxígeno siendo esta una característica que la bacteria necesita para crecer y producir las toxinas.

La bacteria Clostridium botulinum es la que produce la enfermedad.

¿Qué consecuencias tiene esta enfermedad?

Las toxinas botulínicas afectan al sistema nervioso. El botulismo de transmisión alimentaria se caracteriza por una parálisis fláccida descendente que puede producir insuficiencia respiratoria grave.

¿Cuáles son sus síntomas?

Los síntomas iniciales incluyen fatiga intensa, debilidad y vértigo, visión borrosa, caída de los párpados, sequedad de boca y dificultad para tragar (disfagia) y hablar (disartria), arritmias cardíacas. Posteriormente se produce hipotonía (pérdida del tono muscular) de los músculos cervicales, de los miembros superiores y afecta finalmente los miembros inferiores y músculos respiratorios. También se pueden presentar vómitos, diarrea o constipación y dolor abdominal. Los síntomas por lo general se manifiestan entre 12 y 36 horas después de la ingesta (con un plazo mínimo de cuatro horas y un máximo de ocho días).

La bacteria está presente en alimentos conservados y previamente contaminados con el bacilo.

¿Qué es el botulismo del lactante?

Existe el botulismo del lactante que afecta preferentemente a niños y niñas menores de 1 año. A diferencia del botulismo de niños y niñas mayores o del adulto, este se produce cuando los lactantes ingieren esporas de C. botulinum que germinan como bacterias, colonizan el intestino y liberan las toxinas. La falta de desarrollo de la flora y la escasa acidez favorecen la sobrevida de las esporas y la producción de toxinas en el intestino.

¿Cuáles son los síntomas del botulismo del lactante?

En los lactantes, los síntomas clínicos incluyen constipación, rechazo del alimento, hipotonía, debilidad y llanto débil, pérdida de la succión, hipotonía cervical que se manifiesta con incapacidad para sostener la cabeza erguida. Aunque son varias las fuentes posibles de infección de botulismo en los lactantes, la miel contaminada con esporas se ha asociado en numerosos casos. Por lo tanto, no suministrar miel a los lactantes menores de un año. Tampoco infusiones de hierbas medicinales principalmente “a granel” que pueden estar contaminadas.

El botulismo del lactante puede producirse por esporas contaminadas en la miel.

¿Cuál es el tratamiento del botulismo alimentario?

El tratamiento específico del botulismo alimentario consiste en la administración de antitoxina botulínica siendo altamente beneficiosa cuando es administrada muy precozmente.

¿Cómo puede prevenirse?

  1. Evitar la preparación de conservas domésticas envasadas si no se poseen los conocimientos y los elementos necesarios para una elaboración adecuada.
  2. Descartar todo alimento que se considere sospechoso, teniendo en cuenta las siguientes modificaciones que indican alteración:
  • Cambios en el color y/o la consistencia del producto.
  • Olor desagradable o no característico.
  • Turbiedad no habitual del líquido en ese tipo de producto.
  • Sabor anormal.
  • Pérdida de la acidez normal (pH superior a 4,5, si se cuenta con tira detectora de pH).
  • Tapa hinchada (en estos casos descartar sin remover la tapa).
  • Expulsión de gas al abrir los recipientes.

IMPORTANTE
El desarrollo de C. botulinum y la presencia de toxina botulínica generalmente no producen ningún cambio identificable en los caracteres organolépticos, ni expulsión de gas detectable al abrir el envase.
Abstenerse de probar alimentos que presenten cualquier signo de alteración, ya que puede resultar fatal.
Descartarlo sin reparo.
En el caso de haberlo probado y detectar sabor anormal, no deglutir y enjuagar la boca repetidamente con agua.

Es importante evitar el consumo de conservas caseras y descartarlas si parecen sospechosas.

*Esta nota fue realizada por la doctora Marisa Gaioli, pediatra especialista en ambiente y salud del Hospital Garrahan.