El saber médico debe estar igualado o superado por una capacidad de interpretar el sufrimiento del semejante y, a su vez, escoger el tratamiento más adecuado de los disponibles.

Los últimos 40 años dieron muestra de múltiples experiencias artísticas en el ámbito de la salud a nivel mundial. Con diferentes grados de profesionalismo, músicos, payasos, titiriteros, artistas plásticos y otros propusieron experiencias a pacientes al pie de sus camas o en salas de espera, con el objetivo de entretener, mejorar la calidad de vida durante la internación, o simplemente ser un vehículo de expresión para los pacientes.

Alegría Intensiva en una presentación en el Hospital Garrahan.

El dolor, la incertidumbre y la enfermedad hacen pesado el transitar de los pacientes y sus familias en los hospitales. Ahí se nos presenta a los médicos la oportunidad de un cambio. Modificando el enfoque, sumando nuevos profesionales al equipo, artistas, podemos hacer más confortable ese paso.

Los avances en ciencia y tecnología no deben dejar atrás el humanismo del arte de la medicina. Las disciplinas artísticas profesionales como aliadas del equipo de salud, sin la necesidad de establecer diagnósticos y tratamientos, pueden conectar con el paciente desde la subjetividad, su entorno, el equipo de salud, y mejorar así la calidad de vida durante la internación.

La figura del payaso de hospital con años de formación es fuerte en este cambio. La música, el canto y la magia juegan en el “aquí y ahora” del cuarto de internación. El objetivo no es lograr una carcajada sino establecer una comunicación, mirar a los ojos, invitar a ese niño a jugar nuevamente. En ocasiones participan, en otras son espectadores y en muy pocas eligen no interactuar con los artistas. Siempre se respeta la decisión del niño y sus padres, esa es la “llave” para que comience el juego.

Los programas de payasos profesionales de hospital comenzaron en 1986 por Michael Christensen, artista fundador del Big Apple Circus de New York. Con actores y actrices profesionales especializados en clown, entrenados para adaptar ese arte al escenario hospitalario, esa organización sentó las bases de un trabajo organizado y supervisado junto a la dirección médica. Numerosas organizaciones de payasos profesionales fueron surgiendo bajo el modelo desarrollado por Christensen, que nada tiene que ver con lo propuesto por Patch Adams y menos con lo que Hollywood mostro en la famosa película.

En el último HealthCare Clowning International Meeting, Vienna 2018, 500 participantes de 120 organizaciones de 60 países acordaron los tres ejes donde los programas basan sus prácticas: el desarrollo artístico profesional; la gestión y desarrollo de las organizaciones; y la investigación.

Los destinatarios del trabajo de los payasos de hospital varían según las organizaciones. En su mayoría hacen foco en niños hospitalizados, otros en adultos, y unas pocas en ambas poblaciones. Pero todas cuentan con actores y actrices profesionales entrenados para el trabajo en hospitales, además de un área de supervisión y de relacionamiento institucional que permite sinergizar lo artístico con el equipo de salud respetando las normas de bioseguridad.

El arte profesional llegó al hospital para quedarse y sumar calidad de vida a pacientes y familias. Algo que era inimaginable, hoy ya no lo es. Nadie se sorprende al cruzarse con una dupla de payasos cantando una canción con un ukelele. Así comienzan los cambios de paradigmas.

*Andrés Kogan es pediatra y director ejecutivo de “Alegría Intensiva, payasos de hospital”.