Mientras las naciones llamadas «desarrolladas» continúan mejorando el acceso a los recursos de salud, la necesidad de desarrollar y mantener programas para la atención del cáncer en la infancia a nivel global es cada vez más imperativa para revertir la creciente inequidad. 

El pediatra especializado en oncología infantil, jefe del Servicio de Hematología y Oncología del Hospital Garrahan, Pedro Zubizarreta, plantea la necesidad de pensar el futuro de los tratamientos, desarrollo de investigaciones y asignación de recursos en relación a la actualidad de los datos de cáncer infantil en el mundo, sobre todo poniendo el foco en los países de bajos recursos donde, se sabe, se producen el 80 por ciento de las muertes por cáncer.

En todo el mundo, el número de nuevos casos de cáncer se incrementará de 10 millones en el año 2000 a 15 millones en 2020 y 24 millones en 2050. Cerca del 70% de estos casos ocurrirá en países con bajos y medianos ingresos. “El aumento de los casos en estos países se origina en el crecimiento vegetativo y la mayor esperanza de vida al nacer en buena medida debido a una mortalidad disminuida secundaria a enfermedades infecciosas”, afirma Zubizarreta en el libro “El niño con cáncer”, publicado por Editorial Panamericana en la colección “Series de Pediatría Garrahan”.

Allí se expone la inequidad en la distribución de recursos destinados al cuidado de pacientes con cáncer en todo el mundo. Un dato alarmante es que a pesar de que casi el 80% de las pérdidas de años de vida en el mundo ocurre en países con bajos o medianos ingresos, estos países cuentan con menos del 5% de los recursos destinados al cuidado del cáncer.

“En todo el mundo, el número de nuevos casos de cáncer se incrementará de 10 millones en el año 2000 a 15 millones en 2020 y 24 millones en 2050. Cerca del 70% de estos casos ocurrirá en países con bajos y medianos ingresos”.

“La carga que representa el cuidado de pacientes con cáncer se ha desplazado claramente hacia los países con recursos limitados”, asevera Zubizarreta. Y, en este sentido, el cáncer pediátrico no es una excepción: de los 200.000 niños, niñas y adolescentes a quienes se les diagnostica una enfermedad maligna cada año, 80% viven en países con recursos limitados, y a ellos corresponde más del 90% de las muertes asociadas al cáncer en pediatría.

El crecimiento natural de una población es la diferencia entre el número de nacimientos y el número de defunciones de una población en un determinado periodo de tiempo. Sobre la base de este crecimiento llamado vegetativo de las poblaciones y la mejoría en las tasas de mortalidad infantil, el número de niños y niñas con cáncer aumentará un 30% para 2020. 

Las variaciones regionales son marcadas. Mientras en América Latina, por ejemplo, la mortalidad infantil en menores de 5 años ha disminuido por debajo de 20/1000 nacidos vivos, en África subsahariana la tasa permanece por encima de 100. “La mayoría de las muertes en este grupo etario ocurren en relación con la extrema pobreza y la mayoría podrían haber sido evitadas con medidas simples de salud pública”, destaca el especialista en oncología del Garrahan.

“Los avances exhibidos en los congresos internacionales de oncología pediátrica tienen cimientos de barro si se tiene en cuenta que la mayoría de los niños y niñas del mundo con enfermedades malignas no se benefician o beneficiarán de ellos”, destaca Zubizarreta para explicar por qué es tan importante el acceso al tratamiento, la situación económica y social de los países y la asignación equitativa de los recursos para luchar contra el cáncer infantil en todo el mundo.

En el caso de Argentina se debe tener en cuenta que se encuentra entre los países con recursos suficientes para el tratamiento del cáncer pediátrico. Y es por ello que el mayor desafío es favorecer las condiciones en todo el país para que se establezca un diagnóstico oportuno, se implemente el tratamiento adecuado en centros articulados por una red de atención de complejidad creciente y que se aseguren los resortes del soporte clínico y multidisciplinario indispensables para reproducir buenos resultados.

Se debe tener presente que todo nuevo desarrollo en salud sienta las bases de nuevos estándares que deben finalmente articularse en políticas de estado.