Por Dra. Marisa Gaioli*

El Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC) estima que un importante porcentaje (del 30- 40 %) de la disminución de Gases Efecto Invernadero (GEI) puede lograrse evitando la deforestación, la degradación de los bosques y la recuperación de áreas forestales.

La deforestación tiene muchos efectos negativos para el medio ambiente. Uno de los mayores impactos es la pérdida del hábitat de millones de especies.

Desgraciadamente en muchos países se acostumbra quemar los terrenos para que rebroten los pastos con que se alimenta todo tipo de ganado, con su consecuente liberación a la atmósfera de grandes cantidades de GEI y también para generar nuevas áreas para el cultivo intensivo. Esto contamina el aire con material particulado diverso y gases como el monóxido y dióxido de carbono, óxidos nitrosos, metano, ozono, dioxinas y furanos, que contribuyen al aumento de la morbimortalidad por enfermedades respiratorias y cardiovasculares.

La deforestación es un coadyuvante del Cambio Climático.

En el mundo mueren 7 millones de personas al año por causa de la contaminación atmosférica y los incendios forestales constituyen una de las fuentes de contaminación junto a la quema de combustibles fósiles, el transporte, las industrias, la agricultura, y ganadería, siendo estas también las fuentes de GEI.

Los incendios forestales son una de las principales causas de contaminación atmosférica.

Por otro lado, la tala de los bosques tropicales genera las condiciones óptimas para la difusión de las plagas transmitidas por mosquitos, como la malaria y el dengue. Cuando la agricultura sustituye al bosque, la regeneración de los arbustos proporciona un entorno mucho más apropiado para los mosquitos portadores de los parásitos de la malaria y el dengue.

Es decir, la desaparición de bosques conduce al riesgo de epidemias, en especial de aquellas transmitidas por determinados mosquitos. Al iluminar intensamente el suelo que antes estaba en penumbra bajo el bosque, la luz solar aumenta las temperaturas del agua, se vuelve más turbia y favorece su contaminación. Las microcenizas que se forman son transportadas a larga distancia, se van depositando y distribuyendo por todo el planeta y cuando alcanzan las zonas de nieve y glaciares contribuyen a su derretimiento al reducir la cantidad de radiación solar que refleja la superficie ahora contaminada.

La deforestación genera un daño grave en la salud humana y de los ecosistemas tanto para las generaciones del presente como a las futuras. Es hora de empezar a cuidar los bosques para el futuro de nuestros niños y niñas.

*Marisa Gaioli es médica pediatra especialista en ambiente del Hospital Garrahan.