Son muchos los niños y niñas que sufren quemaduras en nuestro país al igual que en toda Latinoamérica. Lamentablemente no existen estadísticas de la incidencia de quemaduras en la población argentina. En realidad sí existen pero son parciales, están muy por debajo de la realidad.

Sabemos que durante el año 2018 hubieron cerca de 1.450 internaciones registradas en centros especializados del ámbito público de pacientes pediátricos con quemaduras.

En el Hospital Garrahan estamos más cerca de conocer datos respecto de las quemaduras graves en niños y niñas ya que la Unidad de Quemados recibe a la mayoría de los pacientes pediátricos con quemaduras graves y críticas de nuestro país.

Son muchos cada año.

¿Cuántos? No importa… o sí, cerca de 50. Pero más de dos ya es mucho porque la mayoría de los casos podrían haberse evitado.

Si se puede evitarlo ¿por qué no lo hacemos?

Las historias son muy duras y las secuelas que llevarán los pacientes para toda la vida también.

Las costumbres, la cultura, la falta de conocimientos acerca del peligro, la falta de prevención y las limitaciones en el acceso a condiciones seguras pueden ser las razones, todas ellas podrían cambiarse en pos de evitar quemaduras, desde las leves a las críticas.

Tal vez el 90% de las quemaduras sean leves, pero igualmente pueden dejar cicatrices evidentes.

Lo llamativo es que cerca del 90 % de las quemaduras que sufren los niños y niñas ocurren en el hogar, donde creemos que nuestros hijos e hijas están mas seguros.

EL agua caliente del mate, la cacerola con agua hirviendo, la sartén con aceite caliente, el bracero para calentar el ambiente, el encendedor al alcance de los niños, los cables eléctricos en mal estado o expuestos, dejar niños solos en la casa son elementos y situaciones muy habituales que pueden transformarse en situaciones no deseadas si no estamos atentos.

Cerca del 90 % de las quemaduras que sufren los niños y niñas ocurren en el hogar, donde creemos que nuestros hijos e hijas están mas seguros.

Es necesario generar cambios, instruir y alertar sobre el riesgo y las consecuencias. Porque resulta difícil transmitir lo que todos los días vemos en el quirófano de la Unidad de Quemados. Sería muy fácil entender que es necesaria una buena campaña de prevención si vieran lo que se puede evitar.

El dolor. Las secuelas. Pensemos un momento. Aunque nosotros intentamos devolverles la piel pero solo podemos devolverles cicatrices.

La mejor forma de tratar una quemadura es evitarla. Recordemos aconsejar sobre los riesgos a la población vulnerable. El mensaje debería ser claro y conciso, incluyendo las dos causas mas frecuentes de quemaduras: el agua caliente y el fuego. Por ello, insistimos:

  • Los niños lejos del agua caliente, el agua caliente lejos de los niños.
  • Los niños lejos del fuego, el fuego lejos de los niños.

*Santiago Laborde es cirujano plástico, jefe de clínica medica del Servicio de Cirugía Plástica y Quemados del Hospital Garrahan.