En el Día Internacional de las Personas con Discapacidad, te acercamos información respecto de la discapacidad en los niños y jóvenes, sus particularidades, las oportunidades de inserción en el país y las cosas que todo padre o madre debe saber.

Los niños, niñas y adolescentes con discapacidad son uno de los grupos más marginados y excluidos de la sociedad, cuyos derechos son vulnerados de manera generalizada. En comparación con sus pares sin discapacidad, tienen más probabilidades de experimentar las consecuencias de la inequidad social, económica, y cultural. Diariamente se enfrentan a actitudes negativas, estereotipos, estigma, violencia, abuso y aislamiento; así como a la falta de políticas y leyes adecuadas, lo mismo que a oportunidades educativas y económicas.

La pobreza y la discapacidad están estrechamente relacionadas, pues la primera es un factor determinante de la segunda y, a su vez, la discapacidad muchas veces atrapa a las personas en la pobreza. En comparación con sus pares, es menos probable que los niños, niñas y adolescentes con discapacidad tengan una adecuada nutrición, accedan a servicios de salud, asistan a la escuela, participen expresando su opinión y sus necesidades sean tenidas en cuenta en la planeación y respuesta a emergencias y crisis humanitarias.

Desafortunadamente, en muchos países la respuesta a la situación de niñas, niños y adolescentes con discapacidad se limita principalmente al abandono, la negligencia o a su reclusión en instituciones.

La exclusión social supone costos significativos no solo para el individuo sino para la sociedad en su conjunto. Los niños, niñas y adolescentes con discapacidad deben ser el centro de todos los esfuerzos por forjar sociedades inclusivas, puesto que tienen los mismos derechos que los demás y, más que beneficiarios de ayuda, son agentes de cambio y autodeterminación. Además, la exclusión conlleva a que estos niños, niñas y adolescentes en la adultez tengan menos probabilidades de trabajar, experimenten problemas de salud y sean más dependientes de sus familias y de los servicios gubernamentales.

Marginación y exclusión social

A menudo, la discapacidad de un niño es seguida por su marginación en la sociedad. Por ejemplo, tan solo alrededor de un 2% de los niños con discapacidad tiene acceso a la educación.

Además, la discapacidad impresiona a la gente. En la conciencia colectiva existe con frecuencia la creencia de que las personas con discapacidad sufren una maldición o castigo provocado por los pecados que sus ancestros cometieron en el pasado. En muchas regiones de todo el mundo, los niños que sufren una discapacidad son aislados, rechazados y se consideran intocables.

Sobre todo, se trata de un hecho evidente en los países en vías de desarrollo, donde la mayoría de los niños con discapacidad son analfabetos y viven totalmente aislados del resto de la sociedad. En muchos casos, estos menores se ven obligados a mendigar para poder sobrevivir y viven en la calle en situaciones de extrema pobreza.

Violencia

Los niños con discapacidad corren un riesgo cada vez mayor de convertirse en víctimas de la violencia debido a su incapacidad para defenderse. Por tanto, la violencia física, psicológica y emocional pasa a ser una triste realidad que los menores con discapacidad sufren en el entorno familiar, institucional y social.

Desgraciadamente, en algunos países una minusvalía física o psíquica puede suponer una razón para el infanticidio, debido a la carga social y financiera que estos niños con discapacidad pudieran significar para su familia.

La discapacidad como causa de discriminación

Existen numerosos casos de discriminación causados por una discapacidad: en esferas como la educación, el alojamiento, el transporte y la vida cultural, la mayoría de los lugares y servicios son en buena parte inaccesibles para las personas que sufren algún tipo de discapacidad. Estos obstáculos son numerosos y pueden ser de tipo físico (edificios a los que las personas con silla de ruedas no pueden acceder); institucional (falta de personal cualificado, como por ejemplo los intérpretes de lengua de signos); o incluso obstáculos que simplemente radican en la intolerancia.

Incluso en países desarrollados podemos observar cierta discriminación hacia los niños con discapacidad: a menudo los separan del resto de niños, las instituciones especializadas los alejan de la familia, los sitúan en clases especiales, etc. De este modo, resulta imposible para estos niños integrarse en la sociedad y encontrar posteriormente un empleo.

Derechos de los niños con discapacidad

Los niños con discapacidad son iguales al resto de niños. De acuerdo con la Convención sobre los Derechos del Niño (CDN), los menores con discapacidad poseen los mismos derechos que cualquier otro niño.

Además del derecho a la no discriminación previamente mencionado, es necesario destacar que los niños con discapacidad deben disfrutar no sólo de los derechos garantizados por la Convención, sino también de los derechos que se mencionan a continuación.

Derecho a un tratamiento adecuado

El segundo párrafo del Artículo 23 de la CDN, dedicado a los niños con discapacidad, garantiza su derecho a obtener una asistencia especial y a solicitar la concesión de una subvención del gobierno que se ajuste en función del país del niño y de la situación financiera de sus padres o tutor.

Resulta obvio que los niños con discapacidad tengan derecho a un tratamiento especial pero, en la práctica, la mayoría de ellos son privados incluso de un tratamiento médico adecuado. Sus posibilidades de recuperación, o de vivir al menos con un sufrimiento menor, se reducen por lo tanto a cero.

Derecho a la educación

Debido a la falta de infraestructuras, medios, conocimiento y, sobre todo, de buena voluntad, la mayoría de los niños con discapacidad no recibe ninguna educación; en realidad, ni siquiera una educación primaria. De hecho, de acuerdo con una serie de estadísticas internacionales, solo el 2% de los niños con discapacidad tiene el privilegio de asistir a la escuela. Se trata, por lo tanto, de una violación grave de la CDN, que garantiza el derecho de todos los niños a asistir a la escuela.

Derecho al ocio

En ocasiones, las personas que rodean a los niños con discapacidad están tan involucradas en su asistencia que olvidan que éstos, antes que nada, son niños; niños que necesitan divertirse, jugar, expresarse de forma artística, practicar deportes, etc. Asimismo, el derecho al ocio es un derecho contenido en la Convención sobre los Derechos del Niño (Artículo 31), y que indudablemente atañe de igual forma a los niños con capacidades diferentes.

Derecho a la opinión

Se trata de una de las necesidades fundamentales de un niño con discapacidad, aunque desafortunadamente, también es una de las más ignoradas. De acuerdo con el Artículo 12 de la CDN, los niños minusválidos, al igual que el resto de niños, tienen derecho a expresar su opinión sobre cualquier medida que les afecte.

El derecho a la opinión se extiende del mismo modo a todos los ámbitos de la vida social, en la que el niño debería contar con la oportunidad de expresar su opinión, ser consultado e informado y tener la oportunidad de participar. Sin embargo, se considera a menudo que, debido a sus discapacidades, estos niños no son capaces de expresar una idea de forma coherente, por lo que se toman las decisiones sin escuchar su opinión.

Producto de su vulnerabilidad, los niños que sufren alguna discapacidad son particularmente susceptibles a la hora de expresar su opinión, ya que en algunas ocasiones la comunicación con ellos conlleva numerosos obstáculos (dificultades en la comunicación, pensamiento lento, falta de comprensión). Por lo tanto, se debería considerar a los niños minusválidos como parte integral de la toma de decisiones en los asuntos que les afecten. De este modo, la erradicación de los obstáculos que dificultan su camino hacia la integración social debería ser inmediata.

Un largo camino por recorrer

La palabra minusválido a menudo contiene una connotación peyorativa: un minusválido sufre una incapacidad, lo que invita a considerarle del mismo modo que a una persona incompetente. Sin embargo, un niño con discapacidad es capaz de involucrarse en acciones de tipo constructivo y, sobre todo, es capaz de progresar. Desgraciadamente, rara vez cuentan con la oportunidad de hacerlo.

A nivel mundial, existe un largo camino por recorrer en lo que a los derechos de los niños con discapacidad se refiere. El cambio del término ‘niños con discapacidad’ por ‘niños con capacidades diferentes’ ha supuesto un avance en este aspecto.

De hecho, es indispensable un cambio de mentalidad para garantizar los derechos de los niños con capacidades diferentes. Además, las autoridades de todo el mundo deberían llevar a cabo las reformas necesarias para crear una estructura jurídica e institucional que asegure la protección de los niños con capacidades diferentes, de forma que estos puedan abandonar los tétricos lugares en los que se encuentran y, consecuentemente, disfrutar de condiciones de vida adecuadas y de las oportunidades que merecen.

Fuente: UNICEF / Humanium